EL PAJARO DE PAJA

En el número anterior de Káskara Marga, al reflexionar sobre la significación de la revista Poesía de España, afirmábamos la importancia que para ésta tuviera otra publicación anterior, El Pájaro de Paja, ahora reeditada en facsimil, como aquella, por Archeles en Ciudad Real. En la introducción a la muy cuidada recuperación ?en la que sólo la calidad del papel empleado nos distancia de la austeridad a que la precariedad de medios obligaba? , Jaume Pont señala que “su aparición se argumentó como el hito fundacional de una propuesta de confrontación y de síntesis. De confrontación, en tanto que soslayó abiertamente la retórica neoclasicista de la poesía de los años cuarenta (...) y de síntesis, por cuanto que trató de hermanar la línea irracionalista del surrealismo (...) con el proceso de rehumanización de posguerra que desembocaría en la poesía social”.
Es sin duda un enunciado válido para la definición de un periodo, iniciado en 1945 con el nacimiento del Postismo, que bien podríamos
considerar cerrado hacia el año 1963, cuando concluye la en tantos órdenes árdua “reconstrucción poética de la posguerra”, en palabras
de Fany Rubio. Es a la luz de esa “reconstrucción”, que inevitablemente conlleva confrontación, recuperación, síntesis y la articulación de nuevas propuestas consecuentes con convencimientos estéticos innovadores, que El Pájaro de Paja y las revistas intencionalmente paralelas o agrupadas (Doña Endrina, Deucalión, Trilce, Arcilla y Pájaro, Orejudín...) se nos aparecen hoy en todo su valioso esplendor. Si fueron papeles inefables y milagreros para Fernando Quiñones, es posible que debieran su existencia, precisamente, a esa tan leve y voladiza condición.

Nunca El Pájaro de Paja, y podría afirmar lo mismo de los otros “papeles”, se vió acosado por la censura pertinaz de la época. En ninguno de sus números aparece el nihil obstat o el depósito legal, ni hay constancia de la menor recusación.
La subtitulada “Carta Circular de la Poesía” fué fundada y dirigida por el poeta Gabio-Alejandro Carriedo, con la poco esclarecida
intervención de Federico Muelas, la no esplícita de Ángel Crespo y la tardía incorporación de Francisco Chavarría, entre los años 1950 y 1956. Se editaron once números.
En el décimo se publicó la siguiente relación de poetas colaboradores: Juan Alcaide, Santiago Amón, Azcoaga, Busuioceanu, Manuel del Cabral, Gabino-Alejandro Carriedo, Casanova de Ayala, Camilo José Cela, Gabriel Celaya, Juan Eduardo Cirlot, Carmen Conde, Cote Lamus, Ángel Crespo, Francisco Chavarría, Eduardo Chicharro, Gerardo Diego, Eugenio D’Ors, José Fernández-Arroyo, Antonio Fernández Molina, Gloria Fuertes, Lorenzo Gomis, Miguel Labordeta, Antonio Leyva, Jaime Maestro, Marrodán, Refael Millán, Federico Muelas, Isaac Oliva, Carlos Edmundo de Ory, Blas de Otero, Manuel Pacheco, Antonio Pérez, Manuel Pinillos, Fenando Quiñones, Carlos de la Rica, Emilio Ruiz Parra, José Antonio Suárez de Puga y Francisco de la Vega. A éstos se añaden, del undécimo: Tomás Pan, el niño Jacki Brun, Mario Cajina Vega, Antonio Rebordao Navarro y Theodore Koenig. Se publicaron también algunos “anónimos chinos” adaptados por Carriedo (*) e ilustraciones de Angel Ferrant, Mathias Goeritz, Maria Luisa Madrilley, Francisco Nieva, Núñez Castelo, Gregorio Prieto, Rafael Zabaleta, Ángel Crespo y Gabino-Alejandro Carriedo.
Dos proclamas, interpretables como “manifiestos”, se publicaron en El Pájaro de Paja: una en la Carta Primera, titulada “La escoba “ y la segunda, que aquí reproducimos, titulada “El Rastrillo”, en la última. “Estamos verdaderamente sujetos al estigma maldito de lo truculento, de lo inesperado y de lo sorprendente”, escribía Carriedo en diciembre de 1950. “Renovamos nuestro voto y nos hacemos a la mar, donde los caimanes esperan”, se despedía en Mayo de 1956. Es interesante resaltar aquí la íntima relación de muchos de estos poetas con las artes visuales. Unos practicándolas, cual es el caso de Chicharro, Fernández-Arroyo o Fernández Molina; otros en sus vecindades críticas: Santiago Amón, Enrique Azcoaga, Carriedo, Juan Eduardo Cirlot, Angel Crepo, Antonio Leyva, Marrodán o Antonio Pérez.

Antonio Leyva.

(*) Carriedo negó siempre ser autor de estos anónmos, por lo que es presumible que si lo fuera.